En la sección anterior. Observamos que Caín ofrendó frutos de la tierra, que traducido en la palabra, ofrendó su esfuerzo personal, su transpiración, su propia sangre, su propia disciplina y ego, no ofrendó agradablemente a Dios, y por ello fue rechazado. Entregó de sí, a pesar que humanamente muchos de nosotros podríamos a haber dicho, que el se esforzó por agradarle, pero ello no dió los resultados esperados, porque ofreció lo suyo, lo carnal… lo humano, podríamos traducirlo en un evangelio difícil, del sacrificio humano, para agradar a Dios del cual Él no se agrada. Él ya no recibiría, mas sacrificios de humanos, – Humano viene del latín humanitas, su raíz semántica viene de la palabra latina humus que significa tierra – el recibiría con agrado un sacrificio del corazón quebrantado en Cristo Jesús. Recuerden que quien caiga sobre esta piedra o roca sería quebrantado y sobre quien cayera esta roca sería destruido. Quien haya creído realmente en el Señor Jesús, ha sido quebrantado y por fe ofrece sacrificio agradable al Señor.
Veamos a Abel, un pastor de ovejas, simple, era el segundo hermano – aun no nacía Sem- era digamos el postrero. A simple vista no efectuaba un gran trabajo de esfuerzo, comparado con su hermano labrador. Creo que siempre estaba tranquilo, observando que no venga el lobo, o sea estaba vigilando, pero confiado. ¿Entienden mas o menos el ejemplo que pone Abel en su oficio? Se encargaba que no faltara ninguna oveja, les daba una buena hierba para comer, un trabajo simple y sin gran esfuerzo, y los mas probable es que las ovejas no eran de él, eran de su padre Adán (Jesucristo es llamado el segundo Adán). Llego el momento del sacrificio, y Abel toma lo mejor que tiene, el primogénito, el de mejor aspecto y es un lindo corderito (el macho de las ovejas, el Esposo) y lo entrega al sacrificio y éste es agradable para Dios.
El verdadero cristiano, no vive afanado, vive confiado en Dios un 100%, porque Cristo vive en su vida. No hace falta que se esfuerce en sí mismo, su fuerza personal proviene de Cristo; su manutención es por Jesucristo, el cambio es producto de Jesucristo, busca la santidad porque siente necesidad en su vida y no por iniciativa propia. Lo que uno le entrega a Dios al congregarse, el sacrificio perfecto es saber y reconocer que nuestra vida depende de El. Que él nos quebranta y nos perfecciona, ofrecemos nuestro reconocimiento a sus misericordias.
Nuestra salvación y nuestra purificación de nuestra maldad es en el Cordero que quita el pecado del mundo, no por nosotros, sino por El, ya que él es quien nos hace seguir la santidad, nos hace perseverar, nos hace vigilar y nos da gozo.
El verdadero cristiano, no busca ni encuentra un deber en la consagración para agradar a Dios; sabe que su consagración depende exclusivamente y un 100% de Jehová!!! Esto es lo hermoso… de tener la FE, la confianza que el sacrificio que damos proviene del Señor, de un corazón quebrantado por El, en espíritu y en verdad (en la vida nueva y en Cristo) no por decisión personal, ¡eso no existe!, sino que se hace NECESARIO, porque cuando nacemos de nuevo, necesitamos de El o sino morimos.
En conclusión, nuestro sacrificio, esta representado en el cordero que entrega Abel, nuestro sacrificio es en Jesucristo. Con El… ¡el evangelio es fácil!, con El tenemos vida eterna, una salvación que nunca perderemos en El y solamente en El.
Por ello le glorifico, le doy exaltación, honra y gloria
¡Aleluya amen!.
Veamos a Abel, un pastor de ovejas, simple, era el segundo hermano – aun no nacía Sem- era digamos el postrero. A simple vista no efectuaba un gran trabajo de esfuerzo, comparado con su hermano labrador. Creo que siempre estaba tranquilo, observando que no venga el lobo, o sea estaba vigilando, pero confiado. ¿Entienden mas o menos el ejemplo que pone Abel en su oficio? Se encargaba que no faltara ninguna oveja, les daba una buena hierba para comer, un trabajo simple y sin gran esfuerzo, y los mas probable es que las ovejas no eran de él, eran de su padre Adán (Jesucristo es llamado el segundo Adán). Llego el momento del sacrificio, y Abel toma lo mejor que tiene, el primogénito, el de mejor aspecto y es un lindo corderito (el macho de las ovejas, el Esposo) y lo entrega al sacrificio y éste es agradable para Dios.
El verdadero cristiano, no vive afanado, vive confiado en Dios un 100%, porque Cristo vive en su vida. No hace falta que se esfuerce en sí mismo, su fuerza personal proviene de Cristo; su manutención es por Jesucristo, el cambio es producto de Jesucristo, busca la santidad porque siente necesidad en su vida y no por iniciativa propia. Lo que uno le entrega a Dios al congregarse, el sacrificio perfecto es saber y reconocer que nuestra vida depende de El. Que él nos quebranta y nos perfecciona, ofrecemos nuestro reconocimiento a sus misericordias.
Nuestra salvación y nuestra purificación de nuestra maldad es en el Cordero que quita el pecado del mundo, no por nosotros, sino por El, ya que él es quien nos hace seguir la santidad, nos hace perseverar, nos hace vigilar y nos da gozo.
El verdadero cristiano, no busca ni encuentra un deber en la consagración para agradar a Dios; sabe que su consagración depende exclusivamente y un 100% de Jehová!!! Esto es lo hermoso… de tener la FE, la confianza que el sacrificio que damos proviene del Señor, de un corazón quebrantado por El, en espíritu y en verdad (en la vida nueva y en Cristo) no por decisión personal, ¡eso no existe!, sino que se hace NECESARIO, porque cuando nacemos de nuevo, necesitamos de El o sino morimos.
En conclusión, nuestro sacrificio, esta representado en el cordero que entrega Abel, nuestro sacrificio es en Jesucristo. Con El… ¡el evangelio es fácil!, con El tenemos vida eterna, una salvación que nunca perderemos en El y solamente en El.
Por ello le glorifico, le doy exaltación, honra y gloria
¡Aleluya amen!.
